
Esta misma tarde he estado en un bar de Marburg viendo un partido de la Bundes Liga. Los aficionados al igual que en España, gritaban, se levantaban, resoplaban, se cubrían la cara con las manos en señal de desesperación… pura pasión. En estos momentos se podría decir que se tienen los nervios a flor de piel y se dejan fluir los sentimientos desinhibidos por el ambiente del local.
Es increíble como un deporte puede no sólo mover masas como lo hace, sino provocar estos sentimientos. Hay, de todo esto, una cosa que me entristece, y es que en la mayoría de las casas la información deportiva del telediario es un momento sagrado, la atención es máxima, y según sea la información uno puede sentirse pleno de satisfacción por su equipo o con un cabreo monumental por los 11 que van en calzonas, que no se saben ganar los millones en opinión de sus aficionados. Pero momentos antes, probablemente durante la comida nos han comunicado en ese mismo telediario un número escalofriantes de muertes por hambre, victimas por SIDA, guerras en Áfricas, miseria en la India…y nos quedamos igual que estábamos, podemos mover la cabeza en señal de desaprobación, pero no nos levantamos de la silla, no nos enfurecemos, no mandamos callar para atender mejor, es otra noticia más. Con lo que podemos decir…el telediario no da más que noticias de desgracias.
No tengo nada en contra del fútbol, al contrario, me encanta, aunque me chirríen las sumas de dinero que se mueven en este ámbito.
Pero deseo que algún día sepamos encauzar nuestras pasiones, nuestros momentos de tensión, y mantener la esperanza en que se erradique el hambre del mismo modo que la mantenemos a la hora de esperar que nuestro equipo empate.
Ojalá durante el próximo mundial pueda ver banderas de la paz en los balcones, como las españolas que han ondeado durante la eurocopa.
Un abrazo.
Ester F.