martes, 21 de octubre de 2008

La vocación

Me voy a atrever hablar de este tema aunque con mucho respeto ya que hay mucho hablado sobre el tema y con mucha complejidad.

Que me perdonen todos aquellos que consideren que cada uno de nosotros hemos nacido con una vocación determinada. Pues creo que el ser humano es libre bajo sus circunstancias. A mi me puede gustar mucho la medicina, pero la circunstancias me llevan a estudiar otra carrera y no por esto dejar de tener mi vocación. ¿Por qué? Por una sencilla razón, mi vocación no es ser médico, o ser matemático, sino amar mediante la medicina o mediante las matemáticas. Es decir, ser feliz, hacer mi trabajo con profesionalidad y humanidad y así poder alegrar un poco más a este mundo. No creo que estemos llamados a tener una carrera específica, esto justificaría muchas frustraciones y no creo que una circunstancia que nos haga cambiar de planes sea suficiente para pasar el resto de nuestra vida infelices. Cada uno podemos ser felices y amar allá donde estemos, buscando el lado positivo, el bien que podemos hacer estemos en donde estemos y ver como tenemos capacidades para andar por medio mundo.

Por eso os pido reflexionar sobre esto, ya que estamos rodeados de miles de preguntas como, qué quieres ser de mayor, o que querías ser cuando eras pequeño. Yo lo que quería ser de pequeña no puedo decirlo ya que no me cabe en esta página de tantas ideas que tuve. Pero en mi época actual, que la considero más que fundamental, quiero ser una cosa que no tiene el porqué de esperar al día de mañana. Quiero ser feliz, y quiero amar, y esto lo puedo hacer mientras termine la carrera, cuando la termine, cuando encuentre trabajo o me desespere buscándolo. La vocación va mucho más allá de cualquiera de estas percepciones. La vocación es el sentimiento con el cual hacemos y no justamente lo que hacemos.

Haced felices vuestro trabajo, que yo estudiaré sonriendo.

Un abrazo.

Ester F.

1 comentario:

Unknown dijo...

Sabias palabras. La Vocación es como su nombre indica una llamada, una llamada a ser, no a tener un título. Y desde luego la predestinación no existe, a riesgo de entregar nuestra libertad, regalo que me niego a desperdiciar o a renunciar a él.