Todos nos hemos estremecidos con el accidente acaecido el miércoles. Lo vemos en la televisión, como tantas otras desgracias y nos acordamos de otras tantas. Ocurren en nuestro propio país, por lo que ésta vez nos toca más de cerca. Cuando ocurren sucesos como estos no llevamos las manos a la cabeza y nos preguntamos cómo pueden suceder, cómo las medidas de seguridad en un aeropuerto pueden ser tan insuficientes y cómo parece que no se hace nada para evitarlo.
Ahora lo que yo planteo es: qué estamos haciendo cada uno de nosotros para provocar un cambio, para pedir que esta desgracia no se vuelva a repetir, y que haya la máxima seguridad y controles en los aviones.
Os pido colaboración dando vuestras opiniones, para que podamos ponerlas en común, y así nos demos cuenta de qué podemos hacer desde nuestros lugares.
Un abrazo. Ester
3 comentarios:
En verdad las medidas de seguridad del aeropuerto de Madrid-Barajas son de chiste, pero muy malo. Valga como ejemplo una experiencia personal, le pasó en realidad a un amigo que iba delante de mí en la cola para entrar en la puerta de embarque. Fue en un viaje a Budapest. Los agentes obligados a mirar nuestros pasaportes hablaban entre ellos sin mirarlos y moviendo su mano en señal de aprobación. Además los escáneres no fueron capaces de detectar una navaja multiusos que mi compañero llevaba para partir los bocadillos. Se la quitaron en el aeropuerto de llegada, donde se supone que hay menos seguridad. ¿Qué hubiera pasado si mi amigo hubiera sido un terrorista? En cuanto a la tragedia de Barajas, quizás no nos hemos concienciado de que fueron 153 muertos y el 11-M tuvo 192. Es bastante grave. La culpa: de todos los que especulan sin conocer las investigaciones del grupo de siete expertos. Pero las cajas negras son indestructibles en palabras de otros expertos, y que una esté dañada... huele un poco a que tenga un contenido..., diremos..., inapropiado. Habrá que esperar.
A la espera de lo que digan los expertos, no me atrevo a hacer acusaciones directas. Pero sí hay algunos temas que me inquietan: ¿sabe la gente que en España, debiendo haber unos 70, sólo hay DOS inspectores de Aviación Civil para controlar toda la actividad de seguridad de las innumerables compañías aéreas que trabajan con aeropuertos españoles? Y a eso, podemos sumar muchas cosas más... el tema de la aviación civil debe ser revisado, en todos los sentidos. Sobre lo que cada uno podemos hacer... pues creo que en primer lugar apoyar a las víctimas con nuestro testimonio, y en el día a día, exigir mucho más a las compañías aéreas, poniendo reclamaciones por escrito por cualquier asunto que nos preocupe, por absurdo que parezca. Y poner los datos que tengamos a disposición del público y la Administración estatal.
La verdad es que el tema es grave. Siempre que se producen muertes es preocupante, y más en un medio de transporte. Pero hay varios factores en juego que no se suelen tener en cuenta.
A todos nos gusta volar barato. Yo trabajé hace años en una compañía aérea, y hace 20 años se pagaban el equivalente a 1.000€ en temporada normal para volar a Chile; hoy, con el combustible por las nubes, poca más competencia para el mismo destino, y veinte años más tarde (significaba mi sueldo de dos meses), se puede comprar por 600€, y parece caro. Una de las cosas que dejamos de pagar es la seguridad, pero somos nosotros los que exigimos pagar menos.
El tratamiento en los medios de comunicación. Es patético. Siembran el pánico; ahora todos los vuelos están a punto de caerse, estallar, calcinarse... Se recogen todas las noticias a lo largo del mundo sobre accidentes, o incidentes aéreos, generando la sensación de inseguridad que parece interesar crear.
Es cierto que el 11-M produjo casi 200 muertos, pero los accidentes de tráfico son un sangrado contínuo de vidas, que no genera un indignación similar; indignación que debería reflejarse en una mayor conciencia ciudadana al conducir, al ser peatón, etc...
Compartamos el dolor, y si nos indignamos, hagámoslo con las consecuencias debidas; averigüemos el valor justo de un vuelo y neguémonos a pagar menos.
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